La Amazonía perdió 33 millones de hectáreas en apenas cuatro años y se acerca peligrosamente al punto de no retorno ecológico
La Amazonía atraviesa una de las crisis socioambientales más graves de su historia. Un nuevo informe técnico de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), desarrollado en el marco de la iniciativa Amazonía por la Vida: Proteger y Restaurar 80% 2025-2030, revela que la región amazónica ha perdido 136 millones de hectáreas de bosque entre 1985 y 2024, una superficie equivalente a casi tres veces el territorio de España.
El estudio, titulado “Proteger y Restaurar las Áreas Clave de la Amazonía 2025-2030”, alerta que la Amazonía ya presenta un 30% de transformación y degradación acumulada, acercándose peligrosamente al umbral del punto de no retorno ecológico.
Amazonía: 33 millones de hectáreas afectadas entre 2021 y 2024
Uno de los datos más alarmantes del informe señala que entre 2021 y 2024 la Amazonía registró una aceleración sin precedentes en la pérdida de cobertura natural, con alrededor de 8 millones de hectáreas degradadas o transformadas por año.
En apenas cuatro años:
- Más de 33 millones de hectáreas fueron afectadas.
- La deforestación alcanzó más de 16,5 millones de hectáreas.
- Los incendios forestales afectaron más de 27 millones de hectáreas solo en 2024.
- Las emisiones de CO₂ derivadas de incendios alcanzaron niveles récord en los últimos 15 años.
El informe explica que la combinación entre deforestación, expansión agropecuaria, incendios, sequías extremas y cambio climático está debilitando la resiliencia ecológica de la Amazonía y alterando el equilibrio hídrico y climático de Sudamérica.
Bolivia y Brasil lideran la degradación amazónica
El análisis regional vuelve a posicionar a Bolivia y Brasil como los países con mayor transformación y degradación de ecosistemas amazónicos.
Según el estudio:
- Bolivia ya presenta un 28% de transformación y un 10% de degradación de su Amazonía.
- Brasil registra un 32% de transformación y un 4% de degradación.
- Ecuador muestra un 23% de transformación.
- Colombia alcanza un 19% de transformación y degradación combinada.
Estas cifras reflejan el avance sostenido de actividades extractivas, expansión agropecuaria e incendios forestales sobre territorios estratégicos para la estabilidad climática global.
Territorios Indígenas: los grandes escudos de la Amazonía
El informe destaca que los Territorios Indígenas, las Áreas Protegidas y los Sitios Ramsar siguen siendo las barreras más efectivas contra la destrucción amazónica.
Mientras que fuera de estas figuras territoriales la transformación y degradación alcanzan un preocupante 47%, dentro de los Territorios Indígenas y Áreas Protegidas los niveles se mantienen en alrededor del 13%.
Actualmente:
- Los Territorios Indígenas resguardan más de 202 millones de hectáreas de bosque estable.
- Las Áreas Protegidas conservan 174 millones de hectáreas.
- Los Sitios Ramsar mantienen alrededor de 25 millones de hectáreas.
El estudio concluye que los territorios indígenas titulados funcionan como mecanismos reales y efectivos de conservación, incluso cuando la conservación no es su objetivo explícito.
El 70% de la Amazonía aún sigue en pie
Pese al escenario crítico, el informe sostiene que todavía existe una oportunidad real para evitar el colapso amazónico.
Actualmente, más de 538 millones de hectáreas de bosque estable permanecen en pie, representando aproximadamente el 70% de la Amazonía.
Sin embargo, los investigadores advierten que el tiempo para actuar se reduce rápidamente.
La iniciativa Amazonía por la Vida: Proteger y Restaurar 80% 2025-2030 plantea la necesidad urgente de:
- frenar la deforestación,
- restaurar áreas degradadas,
- fortalecer la gobernanza territorial,
- y reconocer el liderazgo de los pueblos indígenas como actores centrales para sostener la resiliencia climática del planeta.
La Amazonía no puede esperar
La degradación amazónica ya no es una amenaza futura: está ocurriendo ahora.
El informe deja una advertencia clara: proteger la Amazonía no es únicamente conservar biodiversidad. Es asegurar agua, estabilidad climática y resiliencia para toda la humanidad.
Porque mantener el bosque en pie ya no es una opción política. Es una condición para el futuro del planeta.