La cuenca del río Amazonas, con cerca de 7 millones de km2, es la más grande del mundo.
Su río representa aproximadamente el 20 % de la descarga mundial de agua dulce en los océanos. Esta región alberga la mayor biodiversidad de fauna de agua dulce del planeta, con más de 2.700 especies de peces, de las cuales 1.696 son endémicas, y 36 especies de megafauna acuática, más que cualquier otra región del mundo. Además, descarga un promedio de 1.122 megatoneladas (Mt) de sedimentos suspendidos al año, fundamentales para la fertilidad del suelo y el funcionamiento de los ecosistemas marinos del Atlántico, incluyendo servicios como la pesca (Encalada et al. 2024).
Frente a las múltiples presiones que amenazan a los ecosistemas acuáticos amazónicos —la fragmentación de los ríos, la pérdida de bosques, la contaminación y el cambio climático—, resulta fundamental contar con herramientas que permitan evaluar de manera integral el estado de los ríos y lagos de la región. El análisis de la integridad ecológica responde a esta
necesidad, integrando información sobre biodiversidad, conectividad y calidad ambiental en un índice que permite identificar dónde los ecosistemas mantienen condiciones saludables y dónde requieren acciones urgentes de conservación, manejo o restauración.
Los ríos y humedales amazónicos son esenciales para la biodiversidad, el sustento de millones de personas y la regulación climática regional y global. Sin embargo, las crecientes presiones de represas, deforestación, contaminación y cambio climático están deteriorando rápidamente la integridad ecológica de estos ecosistemas y comprometiendo su resiliencia. Mantener la funcionalidad de la cuenca no es solo una cuestión ambiental: es una condición indispensable para la seguridad hídrica, alimentaria y cultural de los pueblos amazónicos y para la estabilidad ecológica de toda la región.