La Amazonía cubre el 40% del continente sudamericano y se extiende en 847 millones de hectáreas entre nueve países (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador y, Perú,

Venezuela, Guyana, Guayane Françoise y Suriname) y, aunque por muchos años se ha destacado su rol en la estabilidad climática global, hoy se encuentra inmersa en el punto de no retorno o tipping point debido a las altas tasas de deforestación y degradación, que alteran y disminuyen sus ecosistemas y con ellas las Áreas Prioritarias para sostener su funcionalidad ecológica en la región y al nivel global.

El carbono de sus bosques junto a los múltiples fun￾ciones y servicios ecosistémicos que brin￾da define la estabilidad ecológica del pla￾neta y el clima, por lo que la Amazonía es

“el gran pulmón de la Tierra”. Además de su valiosa diversidad de espe￾cies de plantas y animales, las funciones y la singularidad ecológica de sus ecosistemas, ha posibilitado una gran diversidad de culturas en la historia de nuestro planeta. En ella habitan más de 400 pueblos indígenas de los cuales se estima que 82 se encuentran en aislamiento voluntario

(RAISG 20202).

La Representatividad ecológica busca asegurar que toda la diversidad de ecosistemas, especies y procesos naturales esté reflejada dentro de las áreas prioritarias de

conservación. Este enfoque, alineado con la Agenda 2030 y los ODS, reconoce la importancia de proteger la biodiversidad como base de la funcionalidad de los ecosistemas. Sin embargo, las tasas de pérdida de especies muestran que aún no se cumple este compromiso global. El análisis de representatividad es una herramienta clave para definir prioridades de conservación, orientando científicamente dónde y cómo alcanzar la meta de proteger y restaurar el 80% de la Amazonía, mediante la identificación de áreas con alta concentración de biodiversidad y ecosistemas singulares.